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martes, 21 de enero de 2014

Comunmente bellos: Vuelvepiedras común, Arenaria interpres

Hoy vengo a hablaros de otra de esas especies con el pseudónimo de común en este caso el Vuelvepiedras común, Arenaria interpres. Se trata de una especie limícola de la familia Scolopacidae, y vosotros diréis muy bien pero esos nombrajos me sobraban. Bueno procuro escribir para todos así que quedémonos con nuestro Vuelvepiedras. ¿Porqué se llama así? Pues es basntante obvio, por su costumbre de darles la vuelta a los guijarros de las playas y pedreros buscando su alimento bajo ellos.


Se trata de una especie que vive en pequeños grupos y que llegan a nuestras costas en el invierno escapando de las duras condiciones de las Escandinavas donde crían durante la primavera y el verano. 

En nuestras costas podemos verle tanto en la arena buscando entre los restos de arribazón, como en zonas pedregosas, dando vuelta a estas. Bajo las rocas o los restos de algas y otros depósitos busca pequeños invertebrados como pulgas de mar o gusanos marinos.


La hora de la comida siempre es un problema, si nos sentamos a observarlos en estos momentos, veremos que las luchas son constantes por el alimento, es fácil ver cómo uno defiende una zona en la que ha encontrado comida de otro que intenta arrebatársela, al momento siguiente pueden estar invertidas las posiciones.


Son animales confiados a los que podemos acercarnos bastante si lo hacemos con cautela. En invierno su plumaje es menos vistoso que durante la primavera y el verano donde destaca sobre todo el diseño llamativo de su cabeza. Tanto en verano como en invierno destacan sus patas de color naranja. 

Parece que pueden vivir hasta 10 años, pesan entre 85 y 140 gramos y tienen un tamaño de entre 21 y 24 cms, es decir, la mitad de una paloma torcaz aproximadamente.


Estas fotografías fueron tomadas en Enero de 2014, durante una revisión de la ruta Trekkapp entre la Isla a la Griega, en la playa de la Isla.

viernes, 9 de marzo de 2012

Carbonero común Parus major en mi jardín en Asturias

De siempre la fauna ha sido mi prioridad en el mundo de la biología, y dentro de ella las aves sin duda ocupan el primer lugar. Por ello decidí para acercarme más a ellos colocar un hide (un escondite de camuflaje) junto al huerto de mis padres, con un par de comederos, para poder fotografiarlos más de cerca. Uno de los comederos es de lo más natural y sencillo para poder atraer a algunas de las especies más comunes y confiadas, puesto que sólo he puesto un trozo de pan insertado en una rama.


Una vez metido dentro no tuve que esperar demasiado para ver las primeras aves. De ellas hoy he decidido traeros una en concreto, el carbonero común, Parus major. Frecuente en todos los árboles del entorno se posó en un pomar (manzano) antes de bajar a mi saúco preparado. 


De todas las fotografías realizadas escogí una secuencia que sin ser del todo buena nos puede enseñar el comportamiento de este párido en mi jardín. Si bien es de godas las especies de mi jardín de las más confiadas es como todos los animales desconfiado por naturaleza (razones les hemos dado). Por ello nada más llegar a "mi saúco" se suele quedar primero parado, alerta, escuchando lo que hay a su alrededor. El sonido del disparo de la cámara puede ahuyentarle en muchas ocasiones. 


Se trata de una especie inconfundible, con su capirote negro, partes superiores verde oliváceas y sus mejillas blancas, así como las partes inferiores amarillas y la línea central negra, más fina en las hembras y más ancha hacia las patas en los machos. Tiene un tamaño de unos 14 cm y unos 18 gramos de peso.


Tiene una gran variedad de sonidos, lo que puede dificultar a veces su localización si nuestro oído no está acostumbrado. Una vez en mi rama  confiado se da la vuelta y se lanza arriba a por el pan


Aquí le vemos realizando equilibrismos sobre el pan para arrancar unas migas.


Pero como os decía el disparo de la cámara suele ahuyentarles y aquí vemos a nuestro carbonero abandonando el posadero, así que toca esperar a que vuelva él u otra especie. 


Hoy me despido con esta foto según vaya recopilando fotografías de otras especies iré poniendo alguna otra entrada de otras especies en concreto


Sin duda lo que esto nos deja claro es que para conocer la naturaleza no es necesario irnos a grandes parques nacionales, podemos empezar en nuestro jardín.


jueves, 19 de enero de 2012

Ruta a la Cascada del Tabayón (III y Final)

Tras bastante tiempo de espera por fin veía casi al lado la Cascada, apenas me quedaban 200 metros para llegar a ella y poder disfrutar de la última parte de ese precioso salto. ¿Porqué nos atraen tanto las cascadas y los ríos? Difícil contestar a esa pregunta, pero sin lugar a dudas, siempre que llego a un río o una cascada, mi cámara salta de su bolsa, como si tuviera un resorte que la enfoque sola hacia el líquido elemento.



Será la pureza de este elemento en los lugares más salvajes, será la capacidad que tiene para tallar la tierra y  generar bellísimos parajes, será su carácter de elemento purificador, o la libertad con la que se mueve, o quien sabe si la capacidad que tiene para dar la vida a numerosos organismos o la capacidad que tiene para destruir y quitarla cuando se enfada y se desborda, quien sabe si será por la cantidad de vida que albergan los ríos, tanto en sus márgenes como bajo sus aguas.


La cuestión es que uno no puede quedarse impasible ante la belleza de un salto como este del Monumento Natural de la Cascada del Tabayón,  el agua ejerce de imán para mis ojos, mi cámara, y supongo que algunos de quienes llegaban a ver la cascada pensaría que aquel que estaba allí abajo tirado en el suelo con los pies en el camino y la cabeza y la cámara casi metidas en el agua, no podía estar muy cuerdo, pero pensaba en el resultado de arriba para poder mostraros. Allí plantado frente a aquella cascada no podía dejar de admirar la fuerza con la que el agua se precipitaba desde lo alto, su caída, su libertad.


Pero como todo tiene su fin y no podíamos quedarnos allí eternamente, tras hacernos las fotos de rigor de todo el grupo con las cascada de fondo, tocó despedirse de nuestro objetivo y comenzar la vuelta que sería por otro lado. Casi al pie de la Cascada en el suelo, medio perdido entre el resto de vegetación me llamó la atención esta saxífraga, tan discreta, tan escondida pero tan bonita, el brillo, la disposición de esas hojas preparadas para captar y acumular el agua, vamos que no me podía pasar desapercibida.


Pero si se trataba de llamar la atención desde luego la saxifraga no podría competir jamás con este musgo de intenso color rojizo y con una textura sedosa y suave, casi aterciopelada, contrastada con los tallos de arandanera negra tan verdes, a los que protege y que surgen de su interior. Casi a cada paso nuestros ojos se detenían en algo que llamaba nuestra atención más si cabe que lo anterior o al menos de una manera tan diferente que no podiamos hacer otra cosa que pararnos.


Y así seguimos hasta la hora de comer, y para ello nada mejor que unas simples piedras, planas por arriba casi perfectas para sentarse a comer y colocar en ellas el mantelito y la comida, si bien es verdad que no hacía falta mucho mantel, pues qué mejor que este diseño realizado por la madre naturaleza tras décadas de lento tejido a base de algas y hongos anclados sobre un lienzo de roca silícea, que daban como resultado este liquen verdoso.


 A lo largo de la ruta, se confunden en muchas ocasiones los líquenes con los musgos, se entremezclan, comparten espacio y en su menudez cuesta trabajo verlos salvo que uno se mantenga alerta a su aparición. Las copas de las cladonias, saliendo entre los musgos parecen una invitación a bebernos la naturaleza en sorbos minúsculos pues es algo tan grande que a grandes sorbos podría empacharnos.


Con las condiciones de calidad del aire existentes en estos bosques los líquenes se encuentran en cualquier lado y de todas las maneras posibles, grandes y pequeños, filamentosos, foliosos, pulverulentos, más o menos evolucionados. Sean como sean son buenos indicadores de las condiciones ambientales, la calidad del aire o la calidad de los bosques y en ocasiones son más interesante que el resto de lo que nos rodea a pesar de ser tan imperceptibles algunos como las cladonias. Eso sí algunos son tan bonitos como estas peltígeras, sobre todo si nos acercamos a verlos por debajo. Las horas dedicadas con Aspra a buscar Lobaria virens entre otros líquenes hacen que haya aprendido con el tiempo a apreciarlos más.


En estas fechas no habíamos podido disfrutar todavía de un buen acebo en todo su esplendor y en el camino de vuelta no se hizo esperar demasidado, un precioso ejemplar femenino, cargado de frutos, contrastando el precioso rojizo sobre el oscuro verde. Lo que para nosotros era un goce para la vista para los pájaros sería sin duda un festín de navidad. Una manera de resistir al duro frío invernal.


La tarde iba avanzando y sobre un tronco cubierto de musgo nos encontramos lo uqe podría parecer un grupo de huevos en un nido, sin embargo, no era tal sino setas, semejantes a pedos de lobo, de textura un poco rugosa y con el interior intensamente amarillo, era la penúltima sorpresa del día, una buena manera de ir acabando otra ruta por Asturias.


 La última sorpresa, nos devolvió a la infancia, a los tiempos en los que no importaba que las calles de las ciudades tuvieran en otoño e invierno grandes mantos de hojas que crujían bajo nuestros pies al caminar y al ser levantadas por los mismos. Ese manto de hojas en el que el pie se entierra hasta el tobillo. Ese manto de hojas que a pesar de parecer completamente marrón, tiene toda una gama de colores que mirados al detalle forman un mosaico maravilloso de formas y colores. Un manto de hojas que espero que los próximos excursionistas del rincón del bosque disfruten tanto como yo.



miércoles, 23 de febrero de 2011

El Corzo

El corzo, Capreolus capreolus, es el más pequeño de los cérvidos de nuestra región y sin duda el más huidizo de todos. Con un peso no superior a los 30 kg y una altura a la cruz no mayor de 75 cm, se trata sin duda de un animal pequeño, pero muy guapo, bastante grácil y difícil de localizar si no está pastando en campo abierto.

Su medio normal son los bosques, ahí es donde pasa la mayor parte del día, saliendo sólo a pastar en los claros cercanos al bosque, sin alejarse demasiado de éste. Su coloración le hace en el interior del bosque muy difícil de ver como se aprecia en la siguiente foto tomada en un bosque de Cabranes y realizada para el multimedia de Recursos Naturales de la Comarca de la Sidra realizado por la consultoría ambiental Aspra. 


En ocasiones si vamos por el interior del bosque en silencio, podemos encontrarlos, estando nosotros a cubierto descansar en algún pastizal, tranquilo y apartado, siempre que el calor no sea excesivo, como puede apreciarse en la siguiente fotografía tomada en el concejo de Colunga, en la parroquia de Pernús.



En muchas ocasiones si vamos por campo abierto los encontraremos a gran distancia nuestra, y lo más posible es que nos vean mucho antes de que consigamos acercarnos lo suficiente como para poder realizar una buena fotografía, con una óptica normal. En este caso me vio desde lejos y estaba muy pendiente de mí. Lógicamente este era el mejor resultado esperable en campo abierto y al descubierto.



Pero si uno conoce sus movimientos en la zona y se apuesta en un lugar adecuado, en silencio y bien camuflado, puede tener momentos únicos y resultados muy aceptables, como es el caso de la siguiente fotografía en la que la espera mereció la pena y el corzo salió apenas a 15 o 20 metros del lugar en el que me encontraba, pasando por delante, y permitiéndome hacerle esta fotografía.


Sin duda se trata de un precioso animal, cuya espera merece la pena, para poder fotografiarlo o tan sólo por poder verlo de cerca.

lunes, 21 de febrero de 2011

Inachis io, un lujo de mariposa


Inachis io sobre Eryngium sp, cerca del Bosque de Tejos de la Sierra del Sueve


Inachis io con alas semiabiertas sobre Eryngium sp en la Sierra del Sueve

Inachis io, libando sobre un Euringium sp en la Sierra del Sueve

Inachis io sobre el suelo cerca de pinares en Villaviciosa