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martes, 21 de enero de 2014

Comunmente bellos: Vuelvepiedras común, Arenaria interpres

Hoy vengo a hablaros de otra de esas especies con el pseudónimo de común en este caso el Vuelvepiedras común, Arenaria interpres. Se trata de una especie limícola de la familia Scolopacidae, y vosotros diréis muy bien pero esos nombrajos me sobraban. Bueno procuro escribir para todos así que quedémonos con nuestro Vuelvepiedras. ¿Porqué se llama así? Pues es basntante obvio, por su costumbre de darles la vuelta a los guijarros de las playas y pedreros buscando su alimento bajo ellos.


Se trata de una especie que vive en pequeños grupos y que llegan a nuestras costas en el invierno escapando de las duras condiciones de las Escandinavas donde crían durante la primavera y el verano. 

En nuestras costas podemos verle tanto en la arena buscando entre los restos de arribazón, como en zonas pedregosas, dando vuelta a estas. Bajo las rocas o los restos de algas y otros depósitos busca pequeños invertebrados como pulgas de mar o gusanos marinos.


La hora de la comida siempre es un problema, si nos sentamos a observarlos en estos momentos, veremos que las luchas son constantes por el alimento, es fácil ver cómo uno defiende una zona en la que ha encontrado comida de otro que intenta arrebatársela, al momento siguiente pueden estar invertidas las posiciones.


Son animales confiados a los que podemos acercarnos bastante si lo hacemos con cautela. En invierno su plumaje es menos vistoso que durante la primavera y el verano donde destaca sobre todo el diseño llamativo de su cabeza. Tanto en verano como en invierno destacan sus patas de color naranja. 

Parece que pueden vivir hasta 10 años, pesan entre 85 y 140 gramos y tienen un tamaño de entre 21 y 24 cms, es decir, la mitad de una paloma torcaz aproximadamente.


Estas fotografías fueron tomadas en Enero de 2014, durante una revisión de la ruta Trekkapp entre la Isla a la Griega, en la playa de la Isla.

lunes, 6 de mayo de 2013

Aprendiendo de un maestro (III y final)




Es tiempo de verdes, sí en plural, de verdes, al menos hasta finales de Mayo o primeros de Junio, es momento de ver toda la gama de verdes que la naturaleza caducifolia tiene para nosotros, con su rejuvenecimiento. Cada árbol, cada planta de un verde diferente y característico.


Incluso diferentes ejemplares de una misma especie como el arce de arriba y el de abajo no se ponían de acuerdo sobre el color que adoptaban sus cotiledones, apurando sus reservas para que las nuevas hojas surgieran dando lugar a un nuevo árbol. ¿Alguno de estos llegará a adulto?



y los verdes se mezclan con su complemento perfecto, el rojo de las hojas con poca clorofila aún, conviviendo con las hojas caducas del pasado otoño que aún se mantienen por los suelos sin que les hubiera dado tiempo a reintegrarse al ciclo.






Al acabar la ruta aún no tenía bastante naturaleza y me acerqué al río Piloña, donde me encontré estos dos mosaicos de verdes, las hiedras sobre un viejo arce, al pie del río, con el verde claro de las hojas jóvenes, otros más oscuros de algunas más viejas, y las claritas del arce.


 y sobre estas líneas los distintos tonos de verdes y rojizos de otro arce joven. Uno de los árboles más bellos en cuanto a tonalidades de nuestras latitudes. Si al otro lado del charco hacen sirope, a este utilizaban su corteza para curar heridas, puesto que la parte interna de la misma es desinfectante y cicatrizante.


Y al final de un día intenso de aprender y disfrutar mucho al lado de un maestro de esto de la fotografía como es Formentí, llegué al pueblo, a mi refugio, y allí aún tenía ganas de más, era el momento de salir a ver si los corzos habituales estaban en su sitio. Era momento de coger el camino para buscarlos....


... pero en este caso no aparecieron, eso sí al volver a casa allí estaba una de las gatas esperando, a la puerta de casa, como preguntando... ¿qué tal el día?¿Has tenido buena caza?...



jueves, 2 de mayo de 2013

Aprendiendo de un Maestro (II)


... la verdad que anunciaban nieve para 600 metros y sabíamos que sobrepasaríamos esa cota por dónde íbamos a entrar, pero la emoción de lo que nos esperaba ese día no nos importó a las aproximadamente 20 personas que aparecimos allí por la mañana.


Y como me dijeron el otro día... y la nieve cayó, y vaya si cayó, casi no nos dejó tregua mientras estuvimos por encima de los 600 metros, pero eso nos permitió ver estampas como esta rama de un haya con las hojas jóvenes saliendo, un manto blanco sobre la madera y los líquenes al final de la misma, bajo la nieve.


Nunca había fotografiado la nieve cayendo, y con los sabios consejos de Formentí, conseguí congelar en el aire algunos de los copos que no dejaban de caer.


y entre tanta nieve, encontré este sol blanco, clavado por una flecha rematada en flor ¿alguna vez habíais visto algo semejante?



Entre tanto blanco y tanto verde, la ropa de una compañera de aventura era la nota de color..


Y unos metros más arriba la nota de color era la lucha que estas primaveras mantenían por no sucumbir al frío helado de la nieve y su peso, semidoblegadas se resistían a tocar suelo y darse por rendidas.


Poco a poco tocaba volver a bajar, y tras escapar a paso rápido de lo que parecía el comienzo de una tormenta seria de rayos y truenos, con la calma volvimos nuevamente a sacar la cámara y a congelar más copos de nieve.


Nuevamente se nos aparecían los soles juntos y clavados por más lanzas rematadas en flor, aunque no estaban tan congelados como el anterior.


Cuando uno puede disfrutar de cosas así ¿qué importa el dolor de las manos por el frío?



... Continuará


lunes, 29 de abril de 2013

Aprendiendo de un Maestro (I)



Llevo tiempo sin escribiros en el blog, la vorágine de trabajo de estos últimos meses me lo había impedido, pero hay días que uno no puede dejar pasar, y ayer fue uno de esos días especiales, que merecen ser contados.


De sobra es conocida mi afición a la fotografía entre las personas que saben de mi trayectoria. Con el tiempo he ido siguiendo determinados trabajos y admirando a personas que sin duda saben más que uno, del tema en cuestión. Uno de esos fotógrafos es Juanjo Arrojo, al que puedo contar desde hace tiempo entre mis amistades y con el que he compartido unas cuántas jornadas de montaña y fotografía y alguna que otra anécdota, y por eso hace tiempo que está aquí en mi blog.

Y otro de esos fotógrafos, cuyo trabajo sigo hace muchos años y del que tengo varios libros, es sin duda José María Fernández Díaz-Formentí. Sus trabajos de naturaleza son de esos que te dejan muchas veces con la boca abierta y pensando cómo habrá llegado a hacer alguna de las fotografías vistas.


El viernes las IV Jornadas fotográficas Luces del Norte nos hicieron viajar con Formentí a Sudamérica, mediante una charla y fotografías recopiladas por él durante 30 años de viajes a ese continente. El sábado una salida fotográfica en su compañía a Redes nos hizo seguir aprendiendo, y sin duda, disfrutando. 

Salamandra común

Aprendí y gocé de la naturaleza, fue uno de esos días que cuando uno está haciendo lo que le gusta, no siente el frío, ni la mojadura (que mi chaqueta aún tiene hoy), ni el hambre (comiendo a las 5 de la tarde), ni el cansancio, ni el peso del equipo, todo da igual, se disfruta de la naturaleza, de la compañía y de aprender.




 Hoy no es un día para grandes discusiones de naturaleza, sólo para ver, con pequeños comentarios. Espero que podáis disfrutar de mis fotos, al menos la mitad de lo que yo disfruté en el monte.

 Lo de arriba son líquenes, y la lluvia y el colorido de sus partes reproductoras los pusieron así de guapos.



Siempre me ha llamado la atención esta cascada, pequeñísima, pero que ha abierto la dura cuarcita en forma de minicanal.


 Ver los helechos crecer así en báculo de Obispo (que se le llama) siempre es bonito, y en esta ocasión con esa luz, ese contraste entre verde y marrón-rojizo sobre el río, me cautivaron.


Estas dos cascadas consecutivas hace más de 10 años que me tienen enamorado, rara vez paso por allí y no paro al menos a verlas, y de cuando en cuando a fotografiarlas. Creo que el sábado estaba inspirado y aplicar uno de los consejos de Formentí me sirvió para mejorar esta foto con respecto a otras veces, aunque aún ha de mejorar algo más. Ya tengo alguna idea de cómo debo hacerlo.


El haya candelabro, quizá lo hayáis visto en algún libro o revista, es un ejemplar curioso, archifotografiado, pero que aún no tenía yo hecho con nieve.



Y desde luego fue un día para disfrutar de los colores rojos de las hojas viejas, los verdes (ni idea de cuántos verdes diferentes vimos) de las nuevas y del manto blanco de la nieve, que nos caía encima y que cubría el suelo por zonas.
La única pena de esta foto esa gota de agua que no vi cuando la hacía, pero os la dejo igual porque me gusta

Gracias a Elena Rico por las fotografías cedidas que nos hizo a Formentí y a mí juntos y la mía que encabeza este post, y por sus correcciones de los textos.

Continuará....





viernes, 9 de marzo de 2012

Carbonero común Parus major en mi jardín en Asturias

De siempre la fauna ha sido mi prioridad en el mundo de la biología, y dentro de ella las aves sin duda ocupan el primer lugar. Por ello decidí para acercarme más a ellos colocar un hide (un escondite de camuflaje) junto al huerto de mis padres, con un par de comederos, para poder fotografiarlos más de cerca. Uno de los comederos es de lo más natural y sencillo para poder atraer a algunas de las especies más comunes y confiadas, puesto que sólo he puesto un trozo de pan insertado en una rama.


Una vez metido dentro no tuve que esperar demasiado para ver las primeras aves. De ellas hoy he decidido traeros una en concreto, el carbonero común, Parus major. Frecuente en todos los árboles del entorno se posó en un pomar (manzano) antes de bajar a mi saúco preparado. 


De todas las fotografías realizadas escogí una secuencia que sin ser del todo buena nos puede enseñar el comportamiento de este párido en mi jardín. Si bien es de godas las especies de mi jardín de las más confiadas es como todos los animales desconfiado por naturaleza (razones les hemos dado). Por ello nada más llegar a "mi saúco" se suele quedar primero parado, alerta, escuchando lo que hay a su alrededor. El sonido del disparo de la cámara puede ahuyentarle en muchas ocasiones. 


Se trata de una especie inconfundible, con su capirote negro, partes superiores verde oliváceas y sus mejillas blancas, así como las partes inferiores amarillas y la línea central negra, más fina en las hembras y más ancha hacia las patas en los machos. Tiene un tamaño de unos 14 cm y unos 18 gramos de peso.


Tiene una gran variedad de sonidos, lo que puede dificultar a veces su localización si nuestro oído no está acostumbrado. Una vez en mi rama  confiado se da la vuelta y se lanza arriba a por el pan


Aquí le vemos realizando equilibrismos sobre el pan para arrancar unas migas.


Pero como os decía el disparo de la cámara suele ahuyentarles y aquí vemos a nuestro carbonero abandonando el posadero, así que toca esperar a que vuelva él u otra especie. 


Hoy me despido con esta foto según vaya recopilando fotografías de otras especies iré poniendo alguna otra entrada de otras especies en concreto


Sin duda lo que esto nos deja claro es que para conocer la naturaleza no es necesario irnos a grandes parques nacionales, podemos empezar en nuestro jardín.


lunes, 20 de febrero de 2012

Cascadas de Oneta

En Asturias, siempre está lloviendo, o al menos eso dicen los turistas y los meteorólogos fundamentalmente cuando se acercan días festivos, pero en realidad, ni es cierto que esté siempre lloviendo, ni es malo que la lluvia esté presente gran parte del año.

En la era del cambio climático, resulta chocante que nos quejemos de la lluvia, de la niebla, de nuestro querido orbayu, cuando en realidad, lo mejor sería aprender a disfrutar de él. Yo no se si mi querencia por el agua me viene de mi amor por el verde asturiano en el que es indispensable el agua, por el halo de misterio en el que te envuelve la borrina, o por los muchos trabajos realizados en el agua con la consultoría ambiental Aspra.


Así que siguiendo esos instintos de ir a buscar el agua y la petición que me había hecho El rincón del bosque de investigar esto como ruta, decidí que tenía que conocer la cascada de Oneta, de la que había oído hablar muchas veces y de la que había visto muchas fotos. Al mirar en la web del tiempo de Maldonado las condiciones para Villayón vi que daban agua pero aún así salí para allá con ganas de disfrutar del agua de la cascada y de uno de esos cielos plomizos asturianos con una lluvia fina pero constante, que realzara aún más los verdes de nuestros campos y bosques.


La ruta de las cascadas y los molinos de Oneta se encuentran en el concejo de Villayón en el Occidente Asturiano, al sur de Navia. Los suelos de carácter ácido dan relieves en los que los ríos han excavado profundas brechas en las que se han encajonado con el paso del tiempo. El paisaje confunde rocas con casas y casas con naturaleza, el verde nos rodea por casi todos lados incluso sobre las piedras y sólo lo interrumpe la senda que nos guía en dirección a las cascadas.


Digo cascadas porque una vez en Oneta descubrí que no había sólo una sino tres, apenas lleva uno 700 metros caminados cuando ya ve cómo el agua comienza a coger velocidad, encajonarse y dar pequeños saltos antes de la gran caída de agua de la primera cascada. La única pena, es la basura que se puede encontrar en el río y que decidí no fotografiar, ya que en esta ocasión prefería que vierais el río tal como debería de ser, y como deberíamos de intentar todos que se encuentre siempre.


Abandonando el borde del río y volviendo al camino poco más tardé en llegar a ver "desde el aire" la primera gran cascada. Una preciosa cola de agua precipitándose brutalmente sobre una poza situada algo más de 20 metros más abajo. Es la cascada de la Firbia y según dice la bibliografía la más espectacular de las tres y sin duda la más accesible.


Si uno es capaz de abstraerse de la cascada y no mirar para ella continuamente de la que baja puede descubrir la gran cantidad de ombligos de venus que tapizan el borde de los caminos y que junto con hiedra nos dan fotocomposiciones naturales como esta


O como esta otra


E incluso si nos detenemos y observamos más fijamente podemos ver que algunos de ellos sirven como refugio para pequeños animales que hacen dentro sus guaridas a base de finas sedas, un lugar magnífico para pasar desapercibidos.


Si alguna duda podíamos tener de que se trata de un lugar completamente natural, una cuadra abandonada nos lo recuerda en medio de la fuerte pendiente de bajada. Las hiedras y los helechos se la van comiendo convirtiéndola en un elemento casi mágico del paisaje, entre la gama de verdes intensificados por la lluvia, el negro de la teja de pizarra típica del occidente asturiano y la piedra propia de la zona. 


Pero sin duda quizás uno de los momentos más mágicos de la ruta es cuando llegas abajo, debajo justo de la cascada y ves el agua venir desde arriba, la bruma que levanta, el ruido ensordecedor, y la belleza de esa fuerza imparable, capaz de arrasar con todo o de calmarse hasta parecer completamente mansa, antes de volver a la carga. 


Allí abajo, en la soledad de este paraje se acuerda uno de la familia, de los compañeros de montaña que están lejos, de los amig@s con los que uno ha hablado de las rutas de montaña, de los ríos y las cascadas, de los amigos que ya no están, y de las excursiones que están por venir y los sitios que quedan por visitar.

Tras parar aquí un buen rato, enviar una foto por facebook a los amigos y whatsapp a la familia (porqué sí aquí llegaba mi 3G, increíble) tocaba seguir en busca de las otras dos cascadas, a pesar de que un cartelito recomendaba no hacerlo o extremar las precauciones.

Continuará...